¿Quién fue?

Greta Garbo

La actriz que quería estar sola

La apodaron la Divina, la Esfinge, “el rostro más bello del mundo”, “la belleza que surgió del frío” y “la mujer que nunca ríe”. Fue (y todavía es hoy) una de las estrellas de cine más importantes de la historia y su fama y su leyenda se deben, en gran parte, a que supo convertir su vida en un enigma. Ella, la actriz que tenía a sus pies al mundo entero, solo quería que la dejaran en paz.

Greta Lovisa Gustafsson, la que se convertiría en una de las actrices más importantes de la historia, nació en una casa muy humilde de Estocolmo, la capital de Suecia. Tenía dos hermanos mayores: Karl y Alva. Sus padres eran gente del campo que se había mudado a la ciudad para buscar una vida mejor y se ganaban la vida limpiando. Cuando Greta tenía 14 años, su padre murió y ella tuvo que dejar sus estudios para ponerse a trabajar.

Primero trabajó en una barbería, preparando la espuma y el jabón para afeitar a los clientes, y luego en un centro comercial. La idea era que trabajara de dependienta pero alguien pensó que la joven Greta sería una modelo ideal para los anuncios de la casa. Y vaya si lo fue: en cuanto su anuncio apareció en los periódicos, la llamaron para hacer un cortometraje publicitario. Y de ahí al cine. Tenía 17 años.

«Sus gestos, su cara, su mirada… tenían algo especial que hacían que la gente se quedara maravillada cuando la veían interpretar.»

Su primer papel importante fue La leyenda de Gosta Berling, en la que interpretaba a una joven condesa italiana. El director de esta película era un señor llamado Mauritz Stiller, uno de los directores más importantes de Suecia. Mauritz creía que Greta podría ser una gran actriz aunque para ello debía cambiar algunas cosas: entre ellas su nombre. A partir de entonces sería Greta Garbo. Y con su nuevo nombre, Greta y su descubridor se montaron en un transatlántico rumbo a Hollywood invitados por Luis B. Mayer, el jefazo de uno de los estudios más importantes de Hollywood (el del león que ruge).

Una vez allí, Greta empezó a hacer películas y a dejar a todos con la boca abierta. Sus gestos, su cara, su mirada… tenían algo especial que hacían que la gente se quedara maravillada cuando la veían interpretar. Cuando llegó el cine sonoro, todos se temieron lo peor. Greta hablaba inglés con un fuerte acento extranjero. Pero por suerte, su voz profunda y especial hizo que la gente se enamorara aún más de ella.  Sus películas eran supertaquillazos en todo el mundo: Anna Karenina, Mata Hari, La dama de las camelias, Cristina de Suecia… Casi siempre eran papeles muy muy dramáticos en los que su personaje sufría mucho y no acababa demasiado bien. Por eso, cuando la llamaron para hacer una comedia, Greta tuvo muchas dudas. Aún así, se dejó convencer para hacer Ninotchka donde hacía de una señora rusa muy seria y antipática que acababa en Nueva York muerta de risa. Como siempre, la gente acudió en masa para ver a su estrella favorita reír por primera vez.

Poco después, Greta decidió que era hora de retirarse. Aunque le gustaba actuar, odiaba todo lo que significaba ser una estrella de Hollywood: la fama, las fiestas, las cámaras, los periodistas… Así que un día, hizo las maletas, se fue a Nueva York y se escondió detrás de unas gafas de sol y un gran sombrero. Nunca más volvió a actuar. Tenía solo 36 años y vivió casi 50 en la más completa y enigmática soledad.

¡¡¡LA GARBO RÍE!!!

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