Cine Curioso

GEORGES MÈLIÉS

El hombre que convirtió el cine en magia

Érase una vez un niño que soñaba todo el rato. Dormido y despierto. Por la mañana, por la tarde y por la noche. A todas horas. Se llamaba Georges Méliès, vivía en París y su padre tenía una fábrica de zapatos. Pero a Georges no le interesaban los zapatos. Le gustaban las marionetas, los títeres y las sombras chinescas. También le gustaba mucho el arte. Y dibujar. Pero, por encima de todo, había una cosa que fascinaba al pequeño Georges. Algo que hacía que su corazón latiese muy fuerte y le ponía muy contento: los trucos y los espectáculos de magia.

Érase una vez un hombre que nunca dejó de soñar. Georges creció, pero no dejó de hacer las cosas que de pequeño le hacían feliz. Siguió dibujando, construyendo juguetes, animando marionetas y aprendiendo magia. Así, en cuanto tuvo un poco de dinero, se compró un teatro donde poder organizar sus propios espectáculos. Georges lo hacía todo: dibujaba y construía sus decorados y actuaba en los números de magia que él mismo había creado, utilizando máquinas y aparatos que también él había construido.

– A él le interesaba contar historias fantásticas. Sacar los sueños de la gente de sus cabezas y proyectarlos sobre una gran sábana blanca. Y eso hizo. –

 

Un día Georges se fue al Gran Café de París donde unos hermanos, los hermanos Lumière, iban a presentar un invento revolucionario: el cinematógrafo. Una especie de cámara de fotos que
capturaba imágenes en movimiento y las proyectaba sobre una gran pantalla blanca. Cuando vio todas las películas que habían hecho los Lumière se quedó fascinado y, como hacía siempre, empezó a soñar despierto. Vio todo lo que él podría hacer con ese aparato alucinante si conseguía hacerse con él. Pero por mucho que suplicó a los hermanos, estos no quisieron venderle su invento. Él no se dio por vencido. Consiguió otros aparatos parecidos y los compró, los desmontó y se construyó su propia cámara de cine. Su propia máquina atrapasueños.

 – Gracias a los trucos que había aprendido y a las máquinas que construyó, en sus películas pasaban cosas que nadie nunca había visto antes. –

Enseguida se puso a experimentar. Las películas que hacían los Lumière estaban bien, pero eran cortas y todas contaban las cosas que pasaban en la realidad: obreros que salían de una fábrica, trenes que llegaban a la estación… A él le interesaba contar historias fantásticas. Sacar los sueños de la gente de sus cabezas y proyectarlos sobre una gran sábana blanca. Y eso hizo.

Mezcló la magia con el cinematógrafo y empezó a rodar todo tipo de historias. Gracias a los trucos que había aprendido y a las máquinas que construyó, en sus películas pasaban cosas que nadie nunca había visto antes: cabezas que se separaban del cuerpo y flotaban, cosas que desaparecían o volaban, personas que se multiplicaban… también utilizaba humo y explosiones. Se construyó en el jardín de su casa un plató de cine entero de cristal, rodó más de 500 películas y fue el inventor de los efectos especiales. Vamos, que si las naves espaciales de Star Wars vuelan y los planetas explotan es gracias a Georges Méliès y a todas las cosas que él inventó y descubrió a lo largo de su vida. Él nos llevó al espacio en un cohete que se estrelló contra el ojo de la luna y filmó por primera vez historias de brujas, hadas, mansiones encantadas y hombres con mil cabezas. Él inventó el cine fantástico.

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